🎤 ¿Accesibilidad a ritmo de Bad Bunny? La llamada que tuve que hacer para saberlo.
Hace unos días, como buena fan de la música (sí, aunque sea sentada), decidí intentar conseguir una entrada para ver a Bad Bunny en concierto. Pero claro, cuando usas un zapato naranja con ruedas como yo —mi silla—, las cosas nunca son tan simples como hacer clic y bailar. Así que, como no podía comprar mi entrada online, hice lo que tocaba: llamar a Ticketmaster (solo para saber como se compraban).
Y lo que descubrí me dejó con sabor a perreo… pero con barreras.
📞 Solo por teléfono, como en los 2000
Lo primero que me dijeron fue que las entradas para movilidad reducida solo se venden por teléfono. Ni rastro de ellas en la web. Una pista más de que la accesibilidad digital también deja que desear.
🎫 ¿Y quién puede comprarlas?
La respuesta fue clara (y preocupante): solo personas en silla de ruedas. Cuando pregunté si una persona con discapacidad visual, por ejemplo, también podría comprarla, la respuesta fue ambigua. “Sí, pero no garantizamos nada”, me dijeron. Así que, si no vas en silla, mejor suerte la próxima vez.
👯♀️ Solo un acompañante
¿Vas con amigos? Olvídalo. En las zonas de movilidad reducida solo se permite un acompañante por persona. ¿Y si quieres disfrutar del concierto con más gente? Pues tendrás que separarte. Porque parece que compartir la música no es tan accesible.
🪑 Zonas alejadas del escenario
Si estás pensando que, al menos, tendrás buena visibilidad… tampoco.
– En Madrid, las entradas están en la zona 200, entre los sectores 214 y 220.
– En Barcelona, ni aparece la ubicación exacta en la web, pero investigando, descubrí que están arriba del todo.
Vamos, que ves más al público que al artista.
💸 Precios, reventa y confusión
La entrada de movilidad reducida cuesta 141,05 € + 2 € de comisión, no reembolsable. No es barato, pero comparado con los 369 € de las entradas normales en la misma zona, suena a chollo… si no fuera por las condiciones.
Además, también existen:
– Entradas Fan to Fan, de reventa, en la misma página, con precios fluctuantes.
– Entradas Platinum, más caras y sin garantía de accesibilidad.
🧭 Y si no puedes acceder, “intenta reubicación”
El operador me sugirió que si no estoy cómoda el día del concierto, podría intentar pedir que me cambien de sitio en el recinto. Pero eso no se garantiza. Es decir, te la juegas a que el personal tenga buena voluntad.
🎶 ¿Conclusión? El show no debería tener barreras
La música es para todos. Y el acceso a un concierto no debería ser una gincana de llamadas, restricciones y dudas. Queremos comprar nuestras entradas como el resto: por internet, con información clara y con opciones reales. Queremos disfrutar con nuestros amigos, sin que nos manden a una esquina “porque es lo que hay”.
La accesibilidad no es un favor. Es un derecho.
Y sí, hasta para bailar, aunque sea sentadas, también merecemos estar en el show.