Accesibilidad Invisible: El caso de Tamara en el teatro

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Esta semana en la sección de accesibilidad de Onda Cero, he querido visibilizar una realidad que, precisamente por eso, muchas veces pasa desapercibida: la de las personas con resto visual. No hablamos de una ceguera total –esa que todos identificamos rápidamente por el bastón blanco o el perro guía–, sino de quienes tienen una importante reducción del campo visual. Y sí, también existen, aunque no siempre se vean.

Todo surgió tras coincidir con Tamara en el Palacio de Congresos, viendo el musical de Priscila (que ya os adelanto que me encantó). Ella compró con antelación unas entradas para las primeras filas, sabiendo que, por su baja visión, necesita estar muy cerca del escenario para disfrutar del espectáculo. Pero se encontró con un problema inesperado: el telón no se abrió completamente y su asiento –en la tercera fila pero muy ladeado– no le permitía ver absolutamente nada. Literalmente, solo tenía frente a ella un gran trozo de tela.

Aunque desde el Palacio intentaron recolocarla, la falta de asientos disponibles y la ausencia de plazas reservadas para personas con este tipo de discapacidad hicieron imposible la reubicación. ¿El resultado? Tamara no pudo disfrutar del musical.

¿Qué falló aquí? Muy sencillo: la falta de información. No cuesta tanto indicar en la compra de entradas si un montaje concreto va a utilizar solo parte del escenario o si hay visibilidad reducida desde determinadas zonas. Igual que hay localidades para personas con movilidad reducida o para quienes usan audífonos, ¿por qué no contemplar también a quienes necesitan estar en primeras filas por cuestiones visuales?

Y no se trata de un privilegio, sino de garantizar el derecho a disfrutar de la cultura en igualdad de condiciones. Como bien dijo Tamara: “Lo que no se ve, se desconoce. Pero también existe”.

Gracias Tamara por compartir tu experiencia y ayudarnos a seguir haciendo accesible lo invisible.