Ir a la playa en silla de ruedas no siempre es tarea sencilla. Y lo sé por experiencia: una vez, en Valencia, acabé “varada” en la arena como una sirena en mi zapato naranja, y fueron Señor Limón y una amiga quienes me rescataron. No fue por falta de ganas de acercarme al mar, sino porque, comprobado, la arena y las sillas motorizadas no se llevan bien.
En España hay unas 3.000 playas y, de ellas, alrededor de 600 están consideradas accesibles. Esto significa que cuentan con pasarelas de madera, rampas adecuadas y, en muchos casos, personal especializado para ayudar. Unas 200 disponen de equipos de Cruz Roja y otras dependen de empresas de servicios. Allí puedes encontrar sillas anfibias que permiten bañarte de forma segura, ya sea quedándote en la propia silla o nadando si sabes hacerlo. Eso sí, en algunas hay que avisar con antelación para recibir asistencia.
En mi caso, el personal de Cruz Roja me animó a meterme en el agua y lo hice encantada, aunque había olvidado lo exigente que puede ser nadar en el mar. A pesar de alguna que otra ola traicionera, la experiencia fue positiva y me recordó que, aunque no siempre sea fácil, sí es posible disfrutar del mar con la preparación adecuada y un toque de buen humor.
A continuación te dejo el audio: