Las Fiestas del Pilar siempre son una cita esperada, pero también una oportunidad para comprobar cuánto avanza la accesibilidad en los grandes eventos. Casi el 9% de los aragoneses tiene reconocido algún grado de discapacidad, y eso significa que la inclusión no puede ser un añadido: tiene que ser parte del diseño desde el principio.
Este año, Zaragoza ha dado pasos importantes. Las zonas PMR se han ampliado y, por fin, se ha trabajado en la comunicación accesible de los eventos: los artistas reciben información sobre qué accesibilidad ofrece cada recinto, algo esencial para que las fiestas sean realmente para todos. Sin embargo, aún queda pendiente un punto clave: los conciertos subtitulados. Las personas con discapacidad auditiva siguen sin poder disfrutar plenamente de ellos, algo que debería cambiar pronto.
Las fiestas también incluyen medidas que celebramos: baños accesibles en todo el centro, una mañana del 8 de octubre dedicada a la infancia TEA en el espacio Río y Juego, y los fuegos artificiales silenciosos del día 11, pensados para quienes viven el ruido como una barrera. [EDITADO. Sorpresa: algo pasó que no fueron silenciosos].
Disfrutar del Pilar en igualdad es posible, pero requiere seguir puliendo detalles. La accesibilidad no es solo cuestión de rampas: es de empatía, de planificación y de entender que todos tenemos derecho a vivir la fiesta.