El eclipse que no vemos igual

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El 12 de agosto, por si no te habías enterado todavía, se producirá el tan esperado eclipse, y Aragón es uno de los puntos estratégicos. A las ocho y media de la tarde, el sol se apagará durante 103 segundos en el mejor de los puntos de Aragón. Ya me imagino la escena: alguien me dirá «acércate al puente, que desde ahí se ve genial». Y seguro que es verdad. Pero si llego y todo el mundo está de pie, yo no voy a ver el eclipse. Voy a ver espaldas. Muchas espaldas, durante unos segundos que no vuelven. Esa imagen —la del puente lleno de gente de pie— es, sin que nadie lo haya planeado así, una metáfora bastante exacta de cómo se ha organizado la accesibilidad en el eclipse de Aragón.

La accesibilidad en el eclipse de Aragón que sí funciona: discapacidad visual

Empecemos por lo bueno, que lo hay, y mucho. Los cuatro puntos oficiales del Gobierno de Aragón —Javalambre, Calamocha, Motorland y Épila— van a contar con dispositivos LightSound, que convierten la luz en sonido para que las personas con discapacidad visual puedan seguir el eclipse en tiempo real. El Instituto de Ciencias del Espacio del CSIC los presta gratis. Y la ONCE ha repartido casi cien mil gafas solo en territorio aragonés. Eso hay que aplaudirlo, sin ironía y sin letra pequeña. Aquí sí hemos hecho los deberes.

Pero, ¿y si tu discapacidad no es visual? Ahí la cosa empieza a «oscurecerse», y no precisamente por el eclipse.

La accesibilidad en el eclipse de Aragón que falla: movilidad reducida

De los cuatro puntos oficiales, solo Motorland está adaptado para movilidad reducida, según la propia web de Turismo de Aragón. Javalambre, no. Calamocha, no. Épila, tampoco. Si vas en silla de ruedas, tienes una entre cuatro papeletas de que el terreno no sea el verdadero obstáculo del día. Y seguramente dirás: «pero si será una explanada, ahí todo el mundo puede acceder», pues sinceramente no está nada claro porque en la propia web citada pone: Adaptado para movilidad reducida: NO. Así que, si fueras en silla de ruedas ¿tú te atreverías a ir?

Auditiva: charlas sin intérprete ni bucle magnético

En los cuatro puntos habrá charlas de astrónomos, pero ninguna tiene confirmado un intérprete de lengua de signos ni bucle magnético. Tampoco en «Cariñena al Sol» ni en el resto de eventos con foodtrucks y música que hemos encontrado: ambiente festivo hasta la medianoche, cero mención a la accesibilidad. Ni siquiera en el Planetario de Aragón, en Walqa, que abre gratis esa noche: su web promete que el espacio estará «debidamente señalizado». Señalizado, no traducido. Y eso que sabemos que el edificio en su interior cuenta con bucle magnético, pero claro esto es en exteriores y no han pensado en tener bucle magnético portátil.

Y luego está Galáctica Eclipse Experience, en Teruel: astronautas de la ESA, chill-out, paella, entre 170 y 350 euros por persona. Su web lo anuncia como algo «pensado para personas únicas». Personas únicas, sí. Pero no con discapacidad, al parecer.

Discapacidad intelectual: la lectura fácil que Aragón no ha escrito

Falta todavía una tercera pata, la que casi nunca se menciona: la discapacidad intelectual. Plena Inclusión Cantabria ha publicado un documento en lectura fácil para explicar qué es un eclipse. El Ayuntamiento de Valencia ha hecho lo mismo, en castellano y valenciano. Aragón, mientras tanto, no ha publicado ni una sola página en lectura fácil sobre el eclipse. Lo he buscado. No existe. Y precisamente porque en Aragón sí sabemos hacer lectura fácil —lo hemos demostrado en otros contextos—, esta ausencia duele más. No es un problema de saber hacerlo. Es que, otra vez, no nos hemos acordado.

Lo que dice la ley sobre la accesibilidad en el eclipse de Aragón

Y aquí es donde la accesibilidad en el eclipse de Aragón deja de ser una opinión y pasa a ser una cuestión legal. La Ley General de derechos de las personas con discapacidad, de 2013, no dice «hagan accesible lo que les apetezca». Dice que hay que garantizar la accesibilidad en el acceso a la información y a la comunicación, para todos los tipos de discapacidad. No es una carta a los Reyes Magos en la que solo puedes pedir un regalo. Sin embargo, aquí ha pasado justo eso: hemos pedido el regalo visual y nos lo han dado envuelto con lazo. Movilidad reducida, lengua de signos y lectura fácil se han quedado, otra vez, en la lista de «para el año que viene».

No es porque no se pueda: Sendaviva, en Navarra, tiene entradas específicas para movilidad reducida y servicio de intérpretes. Cantabria y Valencia ya resolvieron la lectura fácil. Aragón ha demostrado, con LightSound, que sabe organizar accesibilidad de verdad cuando se lo propone. El problema no es técnico ni de presupuesto. Seguimos tratando la accesibilidad como un menú del día en el que solo se puede elegir un plato, cuando en realidad es un derecho que no admite raciones.

Ojalá me equivoque

Ojalá me equivoque. Ojalá toda esa información exista, esté confirmada y simplemente yo no haya sabido bucear lo bastante bien por internet para encontrarla. Lo digo en serio: sería la mejor noticia posible. Pero si al final resulta que sí hay intérprete, sí hay bucle magnético, sí hay lectura fácil, y está ahí, escondida en algún rincón de una web o en un documento que nadie enlaza, eso también es un fallo grave. Porque la accesibilidad que no se ve, que no está donde una persona con discapacidad la va a buscar cuando planea su noche, no cumple su función. No sirve de nada garantizar un derecho si luego hay que perseguirlo como quien busca una aguja en un pajar. La accesibilidad no solo tiene que existir: tiene que estar visible, fácil de encontrar, en el mismo sitio donde se anuncia la paella y la música en directo.

Tres preguntas para el 12 de agosto

Así que me quedo con tres preguntas, las mismas que lancé hoy en mi sección semanal en Más de Uno Aragón de Onda Cero: Si hemos sido capaces de llevar tecnología puntera para la discapacidad visual a cuatro puntos a la vez, ¿de verdad es tan difícil sentar a un intérprete de signos junto al astrónomo, o traducir a lectura fácil las cuatro líneas que explican qué es un eclipse? Cuando una experiencia cuesta trescientos euros y se anuncia «para personas únicas«, ¿alguien se ha planteado que las personas con discapacidad también lo somos? Y la de siempre, la que nunca sobra: ¿la accesibilidad es un derecho, o el capricho generoso de quien organiza el evento ese día?

Contádmelo. Os espero en redes.

— La Chica del Zapato Naranja