Esta semana viví una de esas situaciones que, por desgracia, no son tan excepcionales como deberían. Fui a aparcar en un parking subterráneo donde la plaza reservada para personas con movilidad reducida estaba nada menos que en la planta -3. Hasta aquí ya es raro, pero lo peor vino después: el ascensor más cercano no era accesible. Mi zapato (mi scooter), simplemente, no cabía. Tuve que levantarme y hacer un sobreesfuerzo que no debería ser necesario. Y para colmo, la salida accesible real estaba en la otra punta del parking… sin ningún cartel que lo indicase. ¿De verdad cuesta tanto hacer las cosas bien desde el principio?
Este tipo de instalaciones incumplen la normativa: las plazas PMR deben estar cerca de los itinerarios accesibles y correctamente señalizadas. Así que, si te encuentras con una situación parecida, habla con la propiedad y, si no hay respuesta, denuncia. Porque la accesibilidad no es un extra. Es un derecho.