Siempre me gusta sacar a la luz pequeñas grandes cosas que pueden marcar una gran diferencia en el día a día. Hoy os quiero hablar de los probadores accesibles en las tiendas de ropa. Porque sí, por ley, todas las grandes superficies (de más de 150 metros cuadrados) están obligadas a tener uno. Y sí, estar, están. Pero… ¿realmente se pueden usar?
Me ha pasado más de una vez ir a una tienda, saber que tiene un probador accesible, y que me digan que no, que no existe. Que no lo ven. Insisto. Porque sé que está. Y entonces llega la sorpresa: lo usan como trastero, lleno de cajas. Y toca esperar a que lo vacíen para poder entrar. Literal.
También me he encontrado con tiendas que tienen dos plantas y justo el probador accesible está en la planta cerrada por reformas (reformas eternas, además). Pides poder usarlo y te dicen que esa zona está cerrada. Como si probarme la ropa fuera un capricho. Lo mismo ocurre en algunas tiendas del centro de Zaragoza: hay dos zonas de probadores, pero solo abren una, y claro, justo la que está cerrada es donde está el adaptado. Y cuesta mucho que te la abran.
El problema, como en muchas otras cosas, es la falta de formación. A los trabajadores se les enseña cómo colocar alarmas, cómo abrir y cerrar el local… pero ¿accesibilidad? Nada de nada. Y no lo digo por decir: hace falta formar y sensibilizar, no solo cumplir la norma por cumplir.
Un probador accesible no es solo un espacio más grande. Debe tener un banco anclado al suelo, barras para transferencias, un sistema de aviso en caso de emergencia (como los cordones rojos de los baños accesibles) y colgadores a una altura accesible. Y, por supuesto, permitir que entre una persona acompañante si hace falta. Esto, muchas veces, brilla por su ausencia.
Y para terminar con una buena noticia: el Auditorio de Zaragoza ha anunciado que en febrero se pondrán en marcha bucles magnéticos en sus dos salas principales, la Mozart y la Luis Galve, además de sistemas portátiles en la multiusos. Un paso más hacia una cultura accesible para todas las personas. ¡Bien por ellos!
Seguimos rodando, denunciando y visibilizando. Porque la accesibilidad no es un extra, es un derecho.