Hoy he querido hablar de lengua de signos porque, a veces, olvidamos que convivimos con personas sordas y que su forma de comunicarse es completamente distinta a la nuestra. Me llamó la atención un ejemplo curioso: un perro puede aprender a responder a órdenes en lengua de signos. Si un animal es capaz de hacerlo, ¿cómo no vamos a poder aprender nosotros algunas palabras básicas?
Lo cierto es que, en el día a día, las personas sordas se encuentran con barreras enormes: desde no poder realizar gestiones sencillas en un banco hasta sentirse aisladas en actividades cotidianas. Aprender lengua de signos no es solo cuestión de accesibilidad, es también cuestión de empatía. Basta con mirar a la persona de frente, vocalizar bien y, cuando sea posible, incorporar esos gestos que abren puertas a la comunicación.
Además, he descubierto detalles que poca gente conoce: en España existen dos lenguas de signos, la española y la catalana, con gestos diferentes. También existe el bimodal, que combina signos con la estructura gramatical del castellano, aunque no es lo mismo que hablar en lengua de signos. Es un universo apasionante y, aunque complejo, nos recuerda que la comunicación es un derecho y que derribar barreras empieza por querer entender al otro.
Te dejo el programa para oir.