Muchas veces pensamos que la accesibilidad solo afecta a los espacios públicos o grandes edificios, pero ¿qué pasa con la puerta de tu casa? En mi caso, la puerta de entrada del portal es tan moderna y espectacular que se ha convertido en un verdadero obstáculo. Es grande, pesada y con el cierzo se convierte en un reto abrirla. Tanto, que muchas veces tengo que acceder por el garaje.
Esto no solo me pasa a mí, que uso mi zapato naranja (mi scooter), sino también a personas mayores que viven en el edificio y se encuentran con la misma dificultad. La comunidad de vecinos quiere solucionarlo, pero la constructora dice que no hay desperfectos. Sin embargo, la realidad es que esa puerta no cumple con los criterios de accesibilidad en la práctica.
Hablamos con Beatriz González Bosque, del Colegio de Administradores de Fincas, que nos recordó algo clave: aunque una puerta cumpla con la normativa técnica, eso no significa que sea accesible en la realidad. Por eso, recomienda que un arquitecto elabore un informe detallado para certificar qué se está incumpliendo. Así, se puede reclamar y solicitar soluciones o incluso ayudas para automatizar la puerta si hay personas con discapacidad en la comunidad.
La accesibilidad empieza en casa. Y una puerta que no se puede abrir sin ayuda, no es accesible.